martes, 11 de agosto de 2015

Capítulo II

POCA ESTIMA DE UNO MISMO

1. Todos tenemos por naturaleza el deseo de saber.  Pero, ¿de qué sirve saber, si no se teme a Dios?
No hay ninguna duda de que vale más el humilde campesino que sirve a Dios, que el orgulloso filósofo que se descuida a sí mismo por estar mirando el curso de las estrellas.
El que conoce bien, se tiene en poco, y le disgustan los elogios de los hombres.
Si yo supiera cuanto hay en el mundo, sin estar en gracia, ¿de qué me sirviera ante Dios que por mis obras me juzgará?

2. Que se te enfríe ese ardor excesivo de saber, porque en eso hay gran distracción y grande ilusión.
En efecto, a los sabios les gusta aparecer sabios, y tener fama de sabios.
Hay muchas cosas que poco o nada le importa al alma el saberlas.
Muy tonto es quien se dedica a lo que no le ayuda a salvarse.
La multitud de palabras no llena el alma; la vida buena es lo que da descanso al espíritu; la conciencia pura engendra una gran confianza en Dios.

3. Mientras más sepas, y con mayor perfección lo sepas, tanto más severo será tu juicio, si no vives con mayor santidad.
De modo que no te enorgullezcas por ninguna ciencia que se te dé, ni por ningún arte; antes bien, vive temeroso de poseer tales conocimientos.
Si a ti te parece que sabes muchas cosas, y que las entiendes bastante bien, no dejes de pensar que son todavía muchas más las que ignoras.
“No te subas en tu opinión”; mejor confiesa tu ignorancia.
¿Por qué quieres preferirte a todos, habiendo tantos más sabios que tú, y más peritos en la ley?
Si quieres aprovechar lo que aprendas y sepas, procura que ni te conozcan, ni te tengan en nada.

4. La más profunda y útil de todas las ciencias es el conocimiento exacto y la desestima de uno mismo.
Gran sabiduría, gran perfección, es el no tenerse uno en nada, teniendo siempre a los otros en buena y elevada opinión.
En caso de ver pecar evidentemente a otro, o aun de verlo hacer cosas graves, ni aun así debes creerte mejor que él, porque no sabes si permanecerás siempre en la virtud.

Porque todos somos frágiles, pero no vayas a creer que ninguno es más frágil que tú.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario